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Catalán

Medito la palabra

Jesús “levanta la vista”, “ve la mucha gente que le seguía”, es decir, tiene la iniciativa en mirar a las personas y a la realidad. Y actúa en consecuencia con lo que ve. Por otro lado, hace preguntas para provocar la misma inquietud que Él tiene (“¿Dónde vamos a comprar...?”). Esta inquietud se manifiesta en el deseo de dar “pan” a la  multitud y a cada cual. Es un deseo totalmente gratuito, motivado por el solo hecho de haber visto a la gente. Pero el pan significa el don de su propia persona: el grano de trigo que cae en tierra y muere.... Él ya “sabía bien lo que había de hacer”: dar su propia persona, a través de la muerte y resurrección, para que aquel gentío tuviera vida.

Y ordena a sus discípulos: “haced que todos se sienten”. Quien tiene invitados en casa hace que se sienten alrededor de la mesa: Jesús preside una comunidad y es el único que da el alimento; los apóstoles son los que reúnen a la gente y acompañan a cada uno hasta su sitio: es la tarea de la Iglesia.

“Tomó los panes, dio gracias a Dios... repartió...”: estos gestos evocan la eucaristía que celebraba la comunidad de Juan, en la cual el Resucitado continuaba alimentando su fe. Después ordena que recojan “los trozos sobrantes”, porque del compartir siempre sobra; y todo es importante, por pequeño que sea, también lo que tiraríamos o lo que despreciaríamos. A pesar de haber sido muy probados por las tribulaciones, siempre puede sobrar alegría para sacar de la pobreza un tesoro de generosidad.

Finalmente, Jesús “se retiró a lo alto del monte” porque no quiere que “le hagan rey”: a lo “alto del monte”, es decir, al encuentro del Padre, de quien recibe la verdadera gloria. Jesús sólo acepta la gloria que le puede dar Dios –en la muerte y resurrección–; no acepta la de los hombres, que es una gloria, una realeza, según los criterios del poder de este mundo.

-¿Cómo va tu actitud de compartir? Recuerda que no se trata de la cantidad, sino de la intención de compartir lo poco que se tiene con quien no posee nada.

-¿Encuentras en la eucaristía el alimento para tu fe? ¿Jesús es auténtico pan de vida para ti?

-¿Eres capaz de darte sin esperar la “gloria de los hombres”? ¿Celebras la alegría de tu donación en la intimidad con el Padre?

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