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Catalán

Medito la palabra

Este fragmento del Evangelio de Marcos nos muestra como Jesús entra en la vida de las personas y se convierte en uno de ellos en su cotidianidad. Jesús se acerca, toma de la mano a la suegra de Simón que estaba enferma, y la levanta. Un gesto tan simple como es el acercarse, y tomar de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio. Al atardecer muchos vinieron a buscarlos, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor.

La práctica de curación, la lucha contra el mal, es la práctica habitual de Jesús. Tan importante como hacer el bien, es evitar el mal, y luchar contra él: dar la vida en la tarea de procurar la paz, la salud, el bienestar, la felicidad... a todos aquellos que la han perdido. Ser cristiano es, entre otras muchas cosas, luchar contra el mal, no quedarse de brazos cruzados o ensimismado en los propios asuntos, cuando vivimos en un mundo con las cifras escalofriantes de pobreza y miseria que hoy padecemos.

¿Me acerco a las personas valorando su condición o juzgo y rechazo a quienes son diferentes a mí?

¿En qué gestos concretos me hago cercano a aquellos que sufren o están marginados de la sociedad?

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