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Catalán

Oración: peligros, tentaciones, confusiones (qué no es oración...)

Oración: peligros, tentaciones, confusiones (qué no es oración...)

Para ir acabando te presento una serie de consideraciones, calificadas como peligros, tentaciones o confusiones. Aunque a estas alturas ya no sería necesario hacerlo, porque seguro que ya tienes claro dónde están tus posibles peligros, y sabes de sobras con qué no podemos confundir la oración. De todas maneras te enumero aquí algunas de estas consideraciones.

1. Confundir la oración con un esfuerzo de concentración psicológica. Ya sabes que la oración es una actitud del corazón, una relación de amistad abierta a la mutua donación.

2. Creer que el solo acto de pronunciar unas palabras es ya orar. Supongo que tienes claro que la oración vocal no es oración si le falta esa “atención amorosa” o esa “consideración” de que hablaba Santa Teresa.

3. Creer que la meditación intelectual sobre conceptos de Dios es ya oración. La reflexión o meditación ayuda a preparar el acto de orar, pero en sí misma no es un “acto de amor”, que eso es también la oración.

4. Creer que las distracciones (involuntarias) de la imaginación son un inconveniente. Recuerda: hay que buscar recursos que me anclen al momento presente para, en caso de distracción, volver al punto en el que me encontraba en la oración (la conciencia de la respiración, la colocación corporal, una palabra que voy repitiendo interiormente...) Y no olvides las amigas paciencia y constancia.

5. El limitar el encuentro personal con Jesús a un nivel de relación sentimental. El encuentro con Jesús se hace realidad a nivel de fe, no de sentimiento. Y, si éste se da, no añade ningún valor a la oración. Lo determinante en la oración no es el sentimiento, sino la fe unida a la voluntad.

6. El espiritualismo. La oración no debe ser una excusa para olvidarnos de la realidad en la que vivimos y a la que debemos responder. La oración debe conducirnos al compromiso con la realidad y aumentar nuestra responsabilidad personal en la construcción de nuestra persona y del Reino.

7. El divorcio entre vida y oración. Somos una unidad y todo lo que es dispersión nos destruye como personas. Asumimos que somos personas con contradicciones. Pero si se da este divorcio entre vida y oración, hay que repasar a fondo y con sinceridad qué pasa con nuestra oración. El amor siempre tiende a unir.

Para acabar, dejamos hablar a Santa Teresa:

“(…) anque tengáis devoción y regalos, que os parezca habéis llegado ahí (a unión con Dios), y alguna suspensioncilla en la oración de quietud, que a algunas luego les parece que está todo hecho, créeme, que no habéis llegado a unión, y pedid a nuestro Señor que os dé con perfeción este amor al prójimo, y dejar hacer a su Majestad, que Él os dará más que sepáis desear”.

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