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Catalán

Cuentos

 

Cuentos, narraciones y reflexiones cortas que hacen pensar, confrontar nuestra vida, y rezar.

El pájaro de fuego

Esto sucedió hace mucho tiempo. Un día un extraño pájaro de plumas luminosas llegó volando a un pueblecito indio.
Dos hombres, al verlo, fueron a buscar las flechas y los arcos. Otro hombre dijo:
- ¡No, no lo matéis!
Y dirigiéndose al pájaro, le preguntó:
- Pájaro bonito, ¿qué es esto que brilla e ilumina tu plumaje?
- Es fuego - dijo el pájaro.
- ¿Fuego? ¿Qué es el fuego? ¿Para qué sirve?
- En invierno el fuego calienta - dijo el pájaro - Con el fuego se puede asar el pescado y la carne y está mucho mejor que crudo.
- Bonito pájaro, danos fuego - rogaron los indios.
- Yo doy fuego al que es digno. Recoged madera seca, buscad una rama cada uno.
Muchos empezaron a cortar leña y cada cual se preparó con una rama seca y dura en la mano.
- El más digno me atrapará - dijo el pájaro. Abrió las alas y se puso a volar

Todo el mundo, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, niños y niñas fueron corriendo detrás de él. Unos saltando por encima de las piedras, o subían por las rocas, otras corrían por la orilla o nadaban por el río.
El pájaro volaba y volaba y siempre iba solo delante de la gente. La brillantez y la luz de sus plumas los adentraba en la oscuridad del bosque, en los prados extensos, hacia las colinas o los pantanos.
Había pasado el tiempo desde que la gente salió del pueblo y todo el mundo estaba cansado. Los que habían corrido por los pantanos iban cansados y sucios. Los que habían escalado las rocas tenían las manos y las piernas llenas de arañazos y los vestidos rasgados.
Unos dijeron:
- Queremos volver a casa. ¡A saber si es verdad lo que el pájaro ha dicho!
Otras dijeron:
- Es muy peligroso esto de perseguir el pájaro; alguien podría morir en los pantanos.
Muchos volvieron a casa porque pensaron que nunca lo atraparían. Llegó un momento en que, quienes iban tras el pájaro, ya eran muy pocos.
Finalmente uno le atrapó.
- ¡Pájaro bonito, dame tu fuego! He corrido detrás de ti a través del agua, del bosque y por los pastos inmensos y te he atrapado el primero.
- Es cierto - dijo el pájaro - pero, ¿no has visto aquel muchacho que corría a tu lado?
Ha caído en un agujero del pantano y tú no le has ayudado a salir. No, no te daré el fuego.
El pájaro extendió las alas y volvió a volar.
Un rato después otro hombre volvió a atraparlo.
- ¡Pájaro bonito, dame tu fuego! He corrido a través del pantano, del bosque, y de los grandes pastos y te he cogido.
- Es cierto - dijo el pájaro - pero, ¿no has visto una mujer que corría a tu lado? se ha quedado enganchada entre los pinchos de una zarza, ¿por qué no la has ayudado? No, no te daré el fuego.
El pájaro reemprendió el vuelo.
A partir de aquel momento nadie más corrió tras él.
Con sus plumas luminosas, el pájaro volvió a volar por encima del pueblo.
En una cabaña, sentada junto a la cama de su padre viejo y enfermo, había una mujer joven.
El pájaro entró en la cabaña y dijo a la chica
- Coge tu rama, toca mis plumas con ella. Tú llevarás el fuego al pueblo
- Yo no he hecho nada para ganarlo; no he corrido detrás de ti, porque mi padre es viejo y está enfermo y no lo puedo dejar solo. No soy digna de llevar el fuego al pueblo.
- Tú eres la más digna.
La chica acercó la rama a las plumas del pájaro y saltó un chispazo que encendió la rama. Inmediatamente se inflamó y se convirtió en una llamarada brillante.
El pájaro se alejó y la chica llevó el fuego a las otras cabañas.

 

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